
Buscar "el paisaje" parece ser la principal recompensa del que dedica su tiempo a pisar prados y recorrer trochas. La altura se convierte en la mejor manera de ver más y mejor, de abrazar con la vista lo que de otro modo sería imposible. Encontrar una atalaya desde la que contemplar el recorrido del río
Lozoya y abarcar su valle es fácil por cuanto que lo flanquean alturas que en algunos casos sobrepasan los dos mil metros. Lo que ya no lo es tanto es la de poder ofrecer este espectáculo a los más pequeños.

La del
Lozoya es una de las cinco cuencas fluviales que hieren
Guadarrama y abastecen a los sedientos madrileños. Su río antes es arroyo y de nombre bien distinto: Angostura. Nace muy c
erca del mítico templo del montañismo en Madrid, el
Peñalara (2.430 m), omnipresente en el valle. En su discurrir pronto forma un conjunto natural de obligada conservación.
Dicidimos dejar el coche en el área recreativa "Las
Lagunillas": circo glaciar que ahora sirve de zona de esparcimiento por aquello del "otro" cambio climático, aquel que no es provocado. Cerca está el Puerto de
Navafría (1.773 m), al que llegaremos después de atravesar el área en dirección noroeste y pasar por una puerta giratoria. Es un corto paseo que te deja en el mismo puerto, al lado del Refugio ahora convertido en edificio administrativo de la "estación" de esquí nórdico.


A la derecha, en el sentido de subida al puerto desde Lozoya del Valle, y a la misma altura de éste; en el lado opuesto al que se encuentra el refugio sale el camino del que tiene escrito Domingo Pliego que va hasta
Somosierra. Tras cruzar una barrera que impide el acceso de "Vehículos no autorizados" -lo que todavía no se si es una ironía- entramos en una amplia pista muy conservada que seguiremos sin abandonarla.

Es otoño y tiempo de setas. Esto hay que recordarlo porque encontraremos el
lugar muy concurrido. Se trata de recolectores de esta que llaman "
boletus" que es muy apreciada y que al parecer se da con facilidad y con calidad en al zona.

En diecisiete minutos alcanzamos la fuente de La Víbora y en dos horas y cuarto llegamos a nuestro objetivo:
El Ventoso (1.789 m) que se nos muestra hacia el
sur de esta impresionante cordal de los
dosmiles de
Guadarrama, que se llaman Los Carpetanos, como un hombro de
Reajo Capón (2.092 m) y se convierte en un magnífico balcón sobre el Valle del
Lozoya permitiéndonos ver cómo las presas de La
Pinilla y
Riosequillo son espejos en los que contemplar el cielo.


Un paseo sin desnivel, pero tal vez excesivo para la más pequeña porque sumaron casi diez kilómetros entre ir y volver por el mismo camino. En total fueron algo más de cuatro horas. Son datos del trasto electrónico ese, el
GPS. Pero llevar cacharros no significa dejar el mapa en casa. Yo uso habitualmente: La Sierra Norte, 1:50.000 de la Tienda Verde. Se pueden consultar naturalmente los indispensables mapas del
IGN, en este caso necesitaremos la
hoja 484.
1 comentarios:
pues te han quedado muy bien las reformas de tu blog. Me gusta.
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