28.5.08

PASEO DE EZCARAY A SAGASTÍA, 1275 m POR EL PR [3-05-2008]

Lo digo, lo repito y además lo escribo. Pero, mira por dónde, en esta ocasión hice como si la cosa no fuese conmigo. Nada de preparar la ruta, simplemente decidimos dar todos un paseo, sin más. El camino comienza en la cota de los 820 metros en la margen derecha del río Oja. Para llegar allí, cruzamos el puente que nos deja frente a la antigua y reconvertida estación de ferrocarril y giramos a la derecha. Seguimos la carretera hasta que encontramos, a la izquierda los paneles informativos del GR-93.1 y del PR que realiza la ruta circular Ezcaray-Sagastía-La Puerca-Bonicaparra-Turza-Ezcaray.
Son las 16:25 h. y comenzamos a caminar por esta senda perfectamente balizada que nos lleva en todo momento por un magnífico hayedo autóctono en el esplendor de la primavera.

A la vez que salvamos poco a poco el desnivel, las hayas dan paso a los pinos. Son las 17:39 y decidimos parar a merendar.
Así las cosas, sin preparar la ruta, sin mapa y con el sol poniéndose entre los montes lo suyo era regresar. Por lo que sin saber cuánto nos quedaba para llegar a Sagastía emprendimos el camino a casa.

Este sencillo paseo merecía una reseña por dos razones: la principal porque mis hijas lo disfrutaron, y la segunda porque siendo así, no me queda más remedio que recomendarlo.

22.5.08

SAN LORENZO, 2271 m. (SIERRA DE LA DEMANDA) [2-05-2008]

No se trataba de una visita de cortesía. Fue la necesidad de rendir un tributo silencioso y sentido a una hermosa montaña. Herida en sus laderas me mostró que en los eones eso apenas tiene un lugar en su memoria.

Desde su pétreo corazón surgió una invitación que acepté sin condiciones. Fue un hasta pronto.

20.5.08

¡EL DOMINGO A LA SIERRA!

[Este texto fué publicado en el número de mayo de 2008 de la revista La Torre que edita la asociación cultural y de medio ambiente de Ciempozuelos.]

Mis recuerdos de la sierra en mi niñez son de días de primavera en los pinares de Valsaín. Mis padres nos subían a mis hermanos y a mí con la certeza de que el aire puro de estos lugares nos sería beneficioso. Además podíamos derrochar nuestra energía en todo tipo de juegos que acababan agotándonos totalmente. Años después regreso al mismo sitio, ahora con mis hijas.

La naturaleza de nuestro Guadarrama se nos ofrece espléndida en esta época del año. Es el momento de mostrarla, de enseñarla y explicarla. Pero ¿cómo hacerlo?. Desde luego no soy pedagogo. Como casi todos los que somos padres, intento ejercer el magisterio desde el sentido común y la búsqueda de lo que pienso es lo mejor para ellas. Pero se que no hay reglas infalibles.

Consideremos superada la opción “pasiva”: sacar los niños al campo y dejarlos libres mientras los padres duermen una siempre merecida siesta en la hamaca plegable. Yo prefiero, desde luego, practicar mi afición a la montaña con mis hijas. Para eso debo diseñar una actividad a su nivel. Considerar el tiempo total de marcha, que el objetivo sea suficientemente atractivo y que las dificultades y peligros sean inexistentes.

Que un niño de cinco años entienda el por qué de una larga caminata que sólo nos llevará al punto más alto para luego volver a bajar, es difícil. Además todos habremos observado cómo ese cansancio que se presenta es sobre todo psicológico (siempre y cuando la ruta sea acorde con sus capacidades). Desaparece cuando encuentran un elemento que acapara su atención o hemos regresado de la ruta.

Es importante que estén distraídos. Es el momento de charlar, de cantar incluso (confieso que esto último me cuesta). Hay muchas cosas que ver mientras se hace trocha y muchas cosas que explicar y que enseñar. Para esto hay que estar preparados y dispuestos a responder a un buen número de preguntas. Muchas de ellas podremos preverlas en el momento en el que diseñamos el día de sierra.

Tenemos que hacer los deberes. El secreto de un día perfecto no es otro que preparar la actividad concienzudamente. De la misma manera que uno prepara una salida con los compañeros, ahora toca hacer lo propio pero poniendo especial atención a un buen motón de detalles. Y esto puede ser divertido para nosotros los mayores.

Conocer la existencia de historias o leyendas vinculadas a la zona donde se desarrolle la excursión es interesante. Adornará la jornada. Lo mismo que saber qué especies vegetales son las más abundantes o que pájaros son los más comunes. Anécdotas de todo tipo atraerán la atención de los pequeños y nos permitirá a todos disfrutar del sendero. Y una buena fuente de ellas es la toponimia o los parecidos que podemos sacar a las rocas o los caprichosos crecimientos de algunos árboles.

En verano (que ya falta poco) es buena idea pensar en la posibilidad de una excursión en la que se pueda chapotear en arroyos o charcas. Siempre lugares seguros y controlados. Recordemos lo resbaladizo que es la piedra mojada y que no existen las caídas tontas. Tendremos presente el poner en la mochila el bañador. Y hablando de “cargar cosas”, creo que es interesante que ellos porten su propia cantimplora, o incluso su merienda en pequeñas mochilas que puedan llevar en la espalda (sin peso), y en las que podrán meter algunos de esos tesoros que seguro encontrarán.

Recordad lo que hemos hablado en otras ocasiones. Si es verano, mucho ojo con el agua. Que los peques beban todo cuanto quieran y tened previsto dónde llenar las botellas. Además está el sol. Crema solar y gafas para protegerlos y protegernos. Meted en vuestra mochila un pequeño botiquín, os hará sentiros más seguros a vosotros. Y el teléfono móvil cargado.

Para empezar no hay nada como hacerse con una guía pensada para estas salidas tan especiales. No hay mucho donde elegir. Especialmente buena es la obra de Javier Zarzuela Aragón: Excursiones para niños por la Sierra de Madrid, de Ediciones la Librería que ya va por su quinta edición. En la Red tendréis también muchos compañeros que relatan sus experiencias y las rutas realizadas con sus “peques”.

Insisto en que os ajustéis a la edad de vuestros hijos a la hora de diseñar o realizar la actividad en la sierra. Historias como la Jordi Membrado que con nueve años ascendió recientemente al Kilimanjaro o la trayectoria del jovencísimo Jon Cruces, no son lo habitual, ni mucho menos. Ni esperéis ni forcéis nada parecido. Si de algo estoy seguro es que el amor a la montaña no se impone.

Y qué más puedo deciros sino que el juego es esencial. Que seguro que no se os ha olvidado del todo y que sólo jugando, tras la aventura, os quedarán ganas de repetir.

[Ver también el blog de la Asociación La Torre]

10.5.08

BOSQUES DE HAYAS. ASCENDIENDO A BONICAPARRA (EZCARAY) [1-05-2008]

Estoy convencido de que de toda la floresta, el haya es el árbol que tiene más desarrollado el "afán de protagonismo". En sus bosques, el otoño es una experiencia sublime. La luz y el color llenan el alma. Pero la primavera no queda atrás. El verde de sus brotes es luminoso y tiñe el aire.

7.5.08

LA PICOTA DE SAN TORCUATO, 1.016 m (EZCARAY) [2-05-08]

Reza el folleto turístico que el nombre de la población de Ezcaray en su origen viene de la voz "Ez Garai" que significa "Peña alta". Al parecer el nombre se lo dió el rey Navarro Sancho Garcés I por el año 923 y no me extrañaría que la exclamación hiciese referencia a la mole caliza que se levanta en el margen derecho del rio Oja y que ahora dan en llamar La Picota de San Torcuato.

¿Y por qué subir hasta la cima de este promontorio plagado de antenas? Simplemente por que está ahí. Se trata de un paseo que aparece en las guías locales de este paraiso de montaña formando parte de rutas más largas.

Aprobechando la hora de la siesta, salgo del pueblo y tras cruzar uno de los dos puentes que nos permiten cambiar de margen del río, llego a la antigua estación de ferrocarril reciclada y reconvertida en restaurante. Continúo por mi izquierda, por la carretera asfaltada hasta el Santuario de Ntra Sra de Allende. Bordeo el edificio por la izquierda (por la derecha había un perro con muy poco sentido de humor) y tras atravesar una valla/puerta de cuerda me encuentro con la senda que me dejará en la cima. En unos veinte minutos se ascienden los poco más de doscientos metros de desnivel.
El esfuerzo merece la pena. Sin duda se puede disfrutar de una de las mejores vistas del valle del río Oja y la Villa de Ezcaray. Y a pesar de la cercanía de la población y el gusto de sus gentes por esto de caminar, durante todo el paseo sólo me encontré con una chica que subió detrás mio.

La mejor información se puede extraer de los folletos sobre rutas de senderismo que te pueden dar en la Oficina de Información Turística, en el centro del pueblo. La hoja 240-II de mapa del IGN, 1:25.000 puede valer, aunque poco en realidad.