31.12.07

UN MANUAL PARA FUTUROS GUÍAS

Pete Hill y Stuart Johnton. TÉCNICAS DE MONTAÑA. Manual práctico para monitores y guías. Desnivel 2002. 255 páginas.

Un amigo me ha prestado este manual para ayudarme a pasar las horas de convalecencia y así repaso algunas cosillas. Lo he leído, a veces con interés y otras como esperando que llegase la nota o el párrafo que me sacase del letargo. No nos engañemos, es un manual y no tiene por qué ser divertido, aunque tampoco tiene por qué no serlo.

Se trata de una obra bien editada, destinada a un público muy específico. Lo dice su título. Así que para aprovecharlo plenamente es necesario tener un cierto nivel de conocimientos. Y por eso pienso que tanto repaso de técnicas que se suponen conocidas va en detrimento de un mayor número de consejos a aplicar con clientes y/o alumnos que se acerquen a esto de las montañas y que se supone es el objetivo inicial.

Si eres profesional, seguro que alguna idea sacas pero la mayor parte de la obra no te aportará mucho. Si lo que estás es preparándote para ganarte el pan como guía este manual te será necesario. Si sólo eres un montañero hay otras obras que te resultarán de mucha más utilidad.

Otra cuestión a tener en cuenta es que nos encontramos ante una obra escrita en el Reino Unido y por tanto en ella encontramos usos y costumbres del mundo anglosajón. En esto, Tino Núñez como responsable de la revisión técnica ha estado muy bien “al quite”.

26.12.07

POR LA AUTOPISTA DE LA PEDRIZA HASTA EL REFUGIO GINER

[Este texto fué publicado en el número de noviembre de 2007 de la revista La Torre que edita la asociación cultural y de medio ambiente de Ciempozuelos.]

Desde el camastro apenas adivino el cielo que se asoma por la estrecha ventana. Ya van para dos meses desde que empezó a dejarse sentir esta lesión. La paciencia se agota minuto a minuto y para entretener el ánimo sólo se me ocurre planificar el regreso a los otoños de nuestras sierras. Será un reencuentro ansiado pero muy tranquilo. Un momento para compartir con mi familia.

Con el permiso de D. Constantino Bernaldo de Quirós creo que elegiré La Pedriza. Espacio único en el mundo y reconocido por la UNESCO con el rimbombante título de reserva de la biosfera. Un lugar donde los sueños de los dioses tornan granito y sus fronteras son patria de bandoleros o refugiados de ilusiones desbocadas.

Tengo muy claro lo que busco. Quiero pasear, y ver correr a mis niñas. Quiero ver cómo va funcionando mi pierna derecha y quiero celebrarlo con un brindis al sol.

Llegar a La Pedriza es sencillo. Una vez se está en Manzanares el Real, con el señorial castillo que levantó D. Pedro González de Mendoza allá por el 1440, hay que encaminarse por la carretera que va hacia el Boalo y Morazarzal. Saliendo del pueblo, hacia la derecha encontramos indicación, Centro de Interpretación (muy interesante, y recomendable) y valla de acceso a la pista que nos deja en Canto Cochino. Por cierto, es Parque Natural y el acceso está restringido a unos 300 vehículos. Hay que tenerlo en cuenta.

Una vez aparcado el coche, continuamos andando por la pista que desciende hasta el río Manzanares, que cruzaremos por un puente de madera y que nos dejará listos para seguir las marcas rojas y blancas del GR-10 que vemos a la derecha de los edificios de la Escuela Taller. El destino, que aún no he mencionado, no es otro que llegar al Refugio Ginér de los Ríos. Cincuenta minutos de paseo en uno de los lugares más mágicos de nuestra sierra. En este tiempo llegaremos siguiendo la evidente senda, llamada por todos la “Autopista de La Pedriza”, hasta una pasarela de madera que cruza el Arroyo Majadilla y nos deja en el Prado Peluca. Ya vemos claramente el edificio del “refu” y el sendero que asciende hasta él.

Subiendo los escalones toparemos con una fuente de escaso pero constante caudal: la de Pedro Acuña, nombrada así en recuerdo del alpinista que dejó su vida en Huascarán (Andes peruanos) en 1961.

El refugio está situado en lo que se llama Umbría Calderón y se construyó en 1916 por una iniciativa que puso en marcha la histórica Agrupación Peñalara en terrenos cedidos por Casiano Guijarro, vecino de Manzanares. La muerte del inspirador de la Institución Libre de Enseñanza y del que eran discípulos muchos de los “guarramistas” del momento puso nombre al edificio a pesar de que el maestro Giner nunca puso sus pies en este lugar.

Durante el paseo quiero contar a mis hijas las historias del bandido Pablo Santos, contemporáneo de Luís Candelas en sus andanzas por esos pedregales. O la de la doncella árabe oculta en aquella cueva que se ve allá arriba. O buscaremos nuevos nombres a riscos y peñas. También jugaremos a buscar parecidos a las agujas de granito… Quiero aprender con ellas a diferenciar los dos tipos de jara que allí se desarrollan junto a estos pinos que dicen resineros unos y silvestres otros y que suavizan el geológico perfil de la Pedriza desde mediados del pasado siglo XX cuando se decidió repoblarla.

Seguro que los buitres leonados surcarán el espacio y las cabras montesas nos mirarán pensando, una vez más, ¿y estos que hacen aquí?.

Para este paseo, imprescindible y no porque uno pierda la senda fácilmente, es llevar mapa. La toponimia es muy variada y divertida. La Casa Verde tiene editado uno excelente, como bueno es también el de la Editorial Alpina. Si optamos por el del Instituto Geográfico Nacional, decir que es la hoja 508 y que se puede ver en Internet en http://www.ign.es/.

[Ver también el blog de la Asociación o accede a la revista en pdf.]