23.10.07

Y SE ENTREGARON LOS PREMIOS.

Sólo quiero ofrecer las imágenes de la entrega de los premios del Concurso de Relato Corto que organizó Sistemacentral.net, sin agregar nada más. Tal vez reiterar mi agradecimiento.

19.10.07

YO, ME QUEDO.

[El pasado 30 de junio los compañeros y amigos de sistemacentral.net votaron este cuento como ganador del I Certamen de Relato Corto de Montaña que organizó esta magnífica web. Lo escribí sin pretensión ninguna, y en gran médida con el único objetivo de animar a muchos de los que luego participaron compartiendo ideas y emociones. Si deseas leer te aseguro un buen rato: http://www.sistemacentral.net/concurso/clasificaciones.php
Desde ese día no dejo de dar vueltas a la mejor forma de agradecer este premio. Todos somos montañeros, por eso tal vez con un sencillo GRACIAS sea suficiente.]


-Buenos días, verá, es que he recibido una llamada de mi marido y dice que no quiere bajar y se ha despedido de mi.

Un breve silencio al otro lado del auricular.

-Perdone, no le entiendo.

-Mi marido es montañero, se fue ayer a Gredos y me ha llamado esta mañana. Se ha despedido de los niños y de mi. Seguro que le ha pasado algo pero no me lo quiere contar.

Una luz se enciende en algún lugar.

-Deme usted los datos. Llamaremos a la Guardia Civil, no se preocupe.

El día es claro y la vista fantástica. No hay mucho sitio en la cumbre, así que Manuel opta por apartarse un poco. Hay que dejar sitio para que los compañeros disfruten del momento. Se quita la mochila y se sienta con la intención de contemplar el grandioso panorama.

-Tenemos que bajar. Llevamos aquí media hora y nos queda La Galana.

-Es que se está de puta madre.

A la vez que habla algo parece moverse en su interior. Con la vista perdida en el horizonte y con una sonrisa en el rostro decide terminar con una exclamación contundente.

-Tío, yo me quedo.

-Venga no jodas. Que se nos hace tarde.

-No es broma. Me quedo.

Juan Antonio se ríe. La cosa tiene su gracia. Pero pronto empieza a dudar al ver que el compañero no parece tener intención de levantarse.

-Cinco minutos más y nos vamos.

-No. Tú tienes que bajar. Yo me quedo.

El tiempo pasa. La broma está llegando muy lejos. El momento mágico en la cumbre se ha roto definitivamente para Juan Antonio. Ahora está serio y tenso, intentando adivinar qué diablos pasa por la cabeza de Manuel. ¡Llevamos una hora aquí parados y este no ha dicho ni palabra!

-¿Sigues ahí?

-Mira, yo me bajo. Haz lo que quieras.

-Has sido un excelente compañero. Gracias por todo amigo.

-¿De qué vas? ¿Te has vuelto loco, o qué?

-Ten mucho cuidado en el destrepe.

Confundido, abatido y muy enfadado emprende Juan Antonio el descenso. ¿Qué diablos tenía que hacer? ¿Cómo contar en el refugio lo ocurrido? Este tío tendrá que bajar tarde o temprano, ¿no? Sólo una certeza, la Galana tendrá que esperar a mejor ocasión.

Son las seis de la tarde y el responsable del refugio no da crédito a lo que está oyendo. Parece una broma. ¡Seguro que es una broma! Aunque la cara del que tiene delante es un auténtico poema. De todas maneras, se ríe.

-Así que hay un tío ahí arriba desde la diez de la mañana que dice que no quiere bajar. ¿Ese tío es normal? ¿Está bien?

-Te juro que siempre ha parecido una persona muy cuerda.

-Pues muy en sus cabales no creo que esté.

Una chica morena, de movimientos nerviosos y acento argentino se acerca y se dirige a Oscar.

-Han llamado los del GREIM, que si sabíamos algo de un tío que ha subido al Almanzor esta mañana. No me he atrevido a contarles nada. Vienen con el helicóptero.

-Joder. Yo le dejaría que se tirase toda la noche ahí arriba. Ya verías como mañana aparece por aquí.

El cielo es claro y una brisa refrescante anuncia el atardecer. Se escuchan voces, resoplidos y alguna carcajada.

-¡Cumbre!

-Vaya con el pasito de segundo grado.

Oscar se queda mirando al individuo sentado un poco más abajo.

-¿No será ese el tipo del que hablaban en el refugio?

-Hola, buenas tardes. ¿Eres Manuel? ¿Eres el que no quiere bajar?

Ambos entretejen una fluida conversación mientras comparten alguna almendra y un poco de vino. Oscar interroga por las razones por las que Manuel no quiere bajar.

-Es muy sencillo. Piensa lo que tienes ahora aquí arriba. Piensa en este instante. Respira este aire, contempla las montañas.

Los dos se quedan con la mirada perdida entre canales y riscos. Los minutos vuelan.

-Bueno, nosotros nos vamos. Se nos hace tarde. Que tengas suerte.

-Yo también me quedo.

Eugenio sonríe. El chiste es bueno. Pero naturalmente no se lo toma en serio. Recoge la mochila y hace intención de iniciar el destrepe. Oscar no se mueve.

-¿Vamos?

Un ruido ensordecedor rompe la tranquilidad de la Garganta de Gredos. Un helicóptero inicia el descenso en la margen izquierda de la Laguna Grande. Eugenio asiste al espectáculo con los ojos muy abiertos mientras camina como sonámbulo dejando atrás la Hoya de Antón. Es una situación surrealista. Acaba de quedarse su compañero con un zumbado en la cima del Almanzor y dice que no quiere bajar.

-Espero que no encontremos “bicho”.

-No te lo vas a creer pero en el refugio me han dicho que el tío está bien pero que ya son cuatro los que no quieren bajar.

-¿Es una protesta o algo así?

Los tres agentes de la Guardia Civil ascienden con agilidad profesional la Portilla Bermeja sin entender muy bien lo que pasa.

-Atentos cortina, cámara uno a Matias. ¿Está preparada la móvil? ¿Tenemos sonido? El retorno. Esther se ha quedado sin retorno. ¿Ya está? Lanza cortinilla.

-En Ávila. Un centenar de personas han tomado la cumbre de una de nuestras montañas emblemáticas. No es una protesta. Llevan tres días sentados en la cima y los riscos del Almanzor y dicen que no tienen intención de bajar. Las autoridades están confusas y tres agentes del GREIM que subieron a prestar ayuda se han unido a la peculiar concentración. Ether Ortega nos lo cuenta en directo...



Madrid, mayo de 2007

[Nota del autor] Ya lo se. No cabe tanta gente en la cima del Almanzor. Es una licencia poética, una exageración consciente. Pero querido amigo, ¿cuantos de los que han subido no han querido estar un poco más? ¿Cuántos no han dejando allí un sentimiento compartido que de alguna manera perdura aún en su cima? ¿Los contamos?